martes, 27 de agosto de 2019

Género. Hombre y Mujer los creó

El Cardenal de Barcelona, Monseñor Joan Josep Omella, publica en La vanguardia del Domingo 18 de Agosto de 2019 un breve artículo en relación con el documento "Hombre y mujer los creó" presentado recientemente por la Congregación para la Educación Católica de la Santa Sede. Lo reproducimos por el innegable interés del tema. Complementamos así la información sobre ese documento ya incorporada a este blog por un artículo del profesor Miró Ardevol bajo el título "Hombre y mujer los creó"

sábado, 22 de junio de 2019


"Varón y mujer, los creó". Sobre la ideología de género

Josep Miró i Ardevol ha publicado en La Vanguardia e incorporado a su blog un interesante artículo bajo el título “Varón y mujer los creó”. Comenta el documento de la Congregación para la Educación Católica, del Vaticano, del mismo título

Reproducimos ese artículo de Miró:

El debate sobre la perspectiva de género es importante en la medida que esta concepción se ha convertido en una ideología de estado en países como el nuestro, y porque muchos de sus defensores son poco propensos al análisis crítico, y bastante dados a la censura. Ahora la Santa Sede, a través de la Congregación para la Educación Católica, ha hecho público un pensado documento, que por su origen resulta complicado de censurar. Su título recuerda el punto de partida cristiano: “Varón y mujer los creó“(Génesis 1, 27). Se estructura en cinco partes: escuchar, puntos de encuentro, critica, razonar, y proponer, el apartado más extenso.

Escucha y encuentro

La manifestación de la voluntad de escucha, la búsqueda de elementos de encuentro, y el dedicar más extensión a la proposición que a la crítica, definen su talante. No hay cerrazón en la posición de la Iglesia, y sí claridad. Así, presenta una diferencia entre lo que es la ideología del gender, y las diferentes investigaciones sobre el gender llevadas a cabo por las ciencias humanas. Mientras que la ideología pretende, como señala el papa Francisco, «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños», no faltan las investigaciones que buscan profundizar adecuadamente en el modo como en diferentes culturas se vive la diferencia sexual entre hombre y mujer.

El documento señala posibles puntos de encuentro en el campo educativo, como el del respeto a cada persona en su particular y diferente condición. También subraya positivamente los valores de la feminidad que se han destacado en la reflexión del gender.

La critica

El documento plantea una crítica integral a una ideología que también se presenta como global, y señala su responsabilidad en la desorientación antropológica actual, y en la desestructuración de la familia, al cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural. Nos lo muestra el reciente congreso feminista en Madrid, con motivo de los 70 años de la publicación de “El Segundo sexo” de Simon de Beauvoir, recuerda que aquella obra constituye la base sobre la que se asienta la teoría feminista contemporánea. En frase de Beauvoir: “La mujer no nace como tal, sino que llega a serlo”. No existe una naturaleza femenina y las características específicas de la mujer son una construcción cultural “empezando por la maternidad”. O como escribía recientemente la feminista Amanda Mauri, “Las categorías sexuales no son verdades naturales; la sexualidad es una ficción representada como verídica”. Son estos tipos de planteamientos a los que responde críticamente la Iglesia, como hace Francisco en Amoris Laetitia (56): “niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia”, constituyendo una “ideología que lleva a proyectos educativos y directrices legislativas… radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer”, trasmitiendo, como declaró Benedicto XVI “una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón”.


La crítica se dirige a diversos aspectos centrales. Uno de ellos es el del dualismo antropológico: que, en palabras de Francisco en su Discurso a la Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida: “en vez de combatir las interpretaciones negativas de la diferencia sexual, que mortifican su valencia irreductible para la dignidad humana, se quiere cancelar, de hecho, esta diferencia, proponiendo técnicas y prácticas que hacen que sea irrelevante para el desarrollo de la persona y de las relaciones humanas. Pero la utopía de lo ‘neutro’ elimina, al mismo tiempo, tanto la dignidad humana de la constitución sexualmente diferente como la cualidad personal de la transmisión generativa de la vida”


Se vacía de esta manera la base antropológica de la familia y con ella desaparece la reciprocidad y la complementariedad de la relación hombre-mujer, de manera que el matrimonio es considerado una herencia patriarcal.

A la luz de la razón, de los datos de las ciencias biológicas y médicas, la diferencia sexual entre hombres y mujeres son una evidencia probada, constata el Documento, en la genética, la endocrinología y la neurología. El análisis filosófico muestra también cómo la diferencia sexual masculino/femenino es constitutiva de la identidad humana. Y es que precisamente su formación se basa en la alteridad, y con ella la capacidad de trascender a uno mismo. En la familia, la comparación con la madre y el padre facilita al niño la elaboración de su propia identidad. La complementariedad fisiológica, basada en la diferencia sexual, asegura las condiciones necesarias para la procreación y el reconocimiento de la diferencia.

La concepción antropológica cristiana ve en la sexualidad un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, y de vivir el amor humano, que forma parte del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo, y que no puede presentarse de manera aislada, sino integrada en una concepción integral afectivo-sexual.

El rechazo de la diferencia complementaria entre el hombre y la mujer que practica la perspectiva de género no solo borra la visión de la creación, sino que delinea una persona abstracta que después se construye a sí misma. Puede ser hombre, mujer, heterosexual, bisexual, homosexual, transexual, multitud de identidades, sin que importe la base natural subyacente. Es una visión doctrinal que se aparta de toda base empírica, de toda falsabilidad científica.

Sus consecuencia son importantes porque asienta la idea de que no deben respetarse los límites de la naturaleza del ser humano, y contribuye a constituir el marco de referencia que normalice la manipulación genética y el transhumanismo. Al mismo tiempo incentiva la formación de una sociedad de individuos solos, porque la familia como una realidad reconocible y estable a lo largo del tiempo, tiende a desaparecer. La perspectiva de género es el estadio no tecnológico superior de la sociedad desvinculada. Desarrollar todas las ramificaciones de sus consecuencias es una tarea necesaria y urgente, porque presenta efectos colaterales poco estudiados, como su incompatibilidad con los fundamentos que hacen posible el estado del bienestar, o su relación con la desigualdad económica entre clases sociales, y en la formación del precariado, como apunta “La Trampa de la diversidad” de Daniel Bernabé con un subtítulo bien explicito. “Cómo el neoliberalismo fragmento la identidad de la clase trabajadora”

En el ámbito educativo induce proyectos educativos y pautas legislativas que confunden “la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse”.

En definitiva: es conveniente y necesario difundir esa doctrina.

¡Ánimo, pues!

jueves, 8 de noviembre de 2018

“La Eutanasia mata”. 

Nuevo argumentario sobre la eutanasia de e-Cristians

25 octubre, 2018

En su sentido etimológico, “eutanasia” significa “buena muerte”, es decir morir bien, y en ningún caso dicha palabra se asimilaba al acto de infringir la muerte o infringirse el suicidio. No solo eso, el juramento hipocrático prohibía y prohíbe al médico hacer nada que pueda ocasionar la muerte del paciente.

El cambio se produce en la época moderna cuando de la mano de la eugenesia, la “ciencia” que pretende mejorar “la raza”, consigue modificar el sentido del concepto de eutanasia para convertirlo en una práctica dirigida a poner fin a la vida de las personas. El primer lugar donde se aplica realmente es en los años 30 en la Alemania gobernada por los nazis.

La cuestión clave es esta. Lo que es moralmente aceptable y deontológicamente aplicable para las profesiones sanitarias, es que ante un paciente en situación terminal se actúe o se deje de actuar con la intención de prestarle el mejor cuidado permitiendo la llegada de la muerte. Por el contrario cuando se hace algo o se deja de hacer con la intención directa de producir la muerte, entonces resulta moral y deontológicamente rechazable y esto es precisamente lo que promueve el proyecto de ley español sobre la eutanasia. La diferencia radica en el fin: prestar el mejor cuidado, y esto en términos de hoy son los cuidados paliativos, o bien matar en lo que ahora se conoce como eutanasia.

1.       La Eutanasia mata. Con permiso de la víctima, ejercido con mayor o menor grado de consentimiento, pero mata. En realidad, la eutanasia es un tipo de homicidio, o de suicidio, según cómo se establezca. Reflexión. ¿La muerte, matar como sistema legal, puede ser la solución a un problema humano?

2.       La Eutanasia no sirve para evitar el sufrimiento. Piénsalo, la muerte siempre es dolorosa, incluso cuando es programada. Este dolor es visible para los demás o, en otras ocasiones, sólo es interno, lo experimenta la conciencia. 

3.   Uno de los sufrimientos peores es el del arrepentimiento tardío, como el que experimenta el suicida que ha saltado al vacío. ¡Quiere volver atrás!, pero ya es tarde. La eutanasia no evita el sufrimiento final, solo lo enmascara. La muerte no es el fin dela conciencia. Según como mueras, vivirás.

4.       La eutanasia es irreversible. Ese es el problema. Una persona, puede atravesar un estado de depresión, o ser empujada a ella por su entorno durante un cierto tiempo, un mes, dos, tres. Si en este tiempo solicita que acaben con su vida lo habrá hecho en unas condiciones en las que no era ella misma. Pero será tarde. Ya estará muerto. La ley, si se aprueba, establecería 30 días entre petición y muerte. Demasiado poco para vencer la depresión.

5.       La eutanasia no es consecuencia de la libertad, sino que es su víctima. Está ampliamente documentado que la causa fundamental que impele a buscar la muerte no es la enfermedad terminal, o una gran incapacidad funcional, sino la falta de reconocimiento humano y la soledad. Sentirse un “algo” que sobra, que es una carga o molestia para su familia, que es ignorado, o bien que está solo, terriblemente solo. Es esto sobre todo lo que crea las condiciones para desear morir. La gran tarea de nuestra sociedad ha de ser reconstruir el reconocimiento y el acompañamiento. Esa sí es una actitud humana y no la muerte.

6.       Una ley sobre la eutanasia empuja a la muerte… porque es ir de legal. Lo que la ley permite se acaba convirtiendo en un deber moral que condiciona a la sociedad y a las mentes. La propia ley influye sobre la persona, estimula a su entorno a escoger la vía de la muerte. “¡Qué haces tú en este mundo!”. Se presupone que hay vidas que no vale la pena que sean vividas.

7.       La eutanasia favorece el suicidio, pues considera que la muerte provocada puede ser la solución para los problemas y cargas de la vida. Es un peligro para los que sufren ideas de suicidio ya que “normaliza” esta práctica.

8.       La eutanasia no aumenta la autonomía personal, e incluso puede reducirla. La persona, sin necesidad de una ley que permita la eutanasia, puede suicidarse sin mucha complicación. Pero la ley posibilitará que otros decidan sobre la vida ajena.

9.       La eutanasia defiende una idea equivocada de la libertad al pensar que ésta es mayor cuanto más numerosas sean el número de opciones, en lugar de contemplarla en su relación con la calidad de las mismas. Ser libre es poder optar entre opciones buenas. La eutanasia no es una buena opción.

10.   La Eutanasia es una solución para aligerar los costes del Estado en sanidad y pensiones. Es la contrapartida real a la falta de nacimientos. Muchos ingenuos aun piensan que los motivos son benéficos. ¡Qué error! Cuando todos los datos advierten que los gastos en sanidad crecen porque aumenta la población en edad avanzada, que sufre enfermedades crónicas complejas, cuando saben que las pensiones no alcanzan, y que cada vez hay menos jóvenes para trabajar, la eutanasia se convierte en la medida  fácil de los poderosos para cuadrar el presupuesto público, sin aumentar los impuestos.

11.   Los ricos no utilizan la eutanasia, o la emplean en mucha menor medida que los demás. ¿Habéis visto los datos de los países que la aplican? ¿Qué porcentaje de gente de altos ingresos la utiliza? Casi nadie. No sólo eso. Como pueden pagárselo, acuden a hospitales privados que les garantizan buenos cuidados paliativos y que en ningún caso les aplicarán la eutanasia. La eutanasia acaba siendo una medida que afecta sobre todo a gente con pocos recursos económicos.

12.   La eutanasia es una perversión de la piedad. La verdadera compasión es la solidaridad con el dolor de los demás, y no la eliminación de la persona que sufre

13.   Ahora, los cuidados paliativos y el acompañamiento son la respuesta al sufrimiento, como lo es la construcción de una sociedad más fraterna a medio plazo. Las atenciones paliativas no alargan artíficamente la vida, en ocasiones más bien lo contrario como efecto colateral. Su fin es proporcionar calidad de vida.

14.   El gran objetivo humano: cuidados paliativos para el 100% de la población. Vivir y morir bien. Sin sufrimiento, en compañía.

15.   La eutanasia margina los cuidados paliativos de las políticas públicas. Con ella hay más gente que sufre y su único camino es usarla. Ese es su éxito. La prueba es que Bélgica y Holanda, pioneros en legalizar la eutanasia, poseen unos servicios paliativos que son peores que los de muchas comunidades autónomas españolas.

16.   No te creas las promesas de los políticos. Dijeron que bajarían los impuestos, y los subieron, que aumentarían las pensiones con la inflación y va a ser que no. Si se aprueba la eutanasia, los cuidados paliativos de calidad acabarán siendo sólo para los ricos.

17.   Legalizar la eutanasia en una economía de mercado como la nuestra, promueve su negocio. La creación de un complejo entramado de médicos, personal de enfermería y abogados que, dedicándose a ella, la tengan por principal negocio. El afán de lucro de esas personas presionará inevitablemente para condicionar la tutela de los derechos de los pacientes.

18.   La eutanasia reduce la responsabilidad personal. Por un lado, el deber del que quiere morir para con sus personas queridas y la sociedad queda absuelto. Por otro, el deber de cuidado queda reducido por la posibilidad de dar una solución que se presenta como viable y legal. Ello puede tener consecuencias sociales de profundo y trágico calado.

19.   La eutanasia o suicidio asistido por personal médico deteriora la confianza médico-paciente. Es así que muchas personas han cambiado de país de residencia por no fiarse de las prácticas de ciertos médicos en situaciones extremas. La eutanasia es contraria al juramento hipocrático que desde hace cerca de 2.000 años caracteriza la profesión y la ética médica. Es una ruptura deontológica brutal que tendrá consecuencias sobre dicha profesión y sobre todos nosotros.

20.   Existe una tendencia a que se extienda la aplicación de la eutanasia para condiciones no terminales. Esto sitúa a los enfermos psiquiátricos, los dementes, los ancianos y los recién nacidos discapacitados en grupos especialmente vulnerables, como ha ocurrido en estados totalitarios en algunas épocas de la historia.


Y una última reflexión en el caso de que creas en Dios:

Él no quiere que sufras por encima de tus fuerzas, pero tampoco quiere que acabes con el don de la vida que Él te ha dado. Tienes otros caminos para apaciguar el sufrimiento y crecer ante Dios. Si Dios existe lo prudente es escucharlo para no sufrir después de tu propia muerte.

viernes, 26 de enero de 2018

EL BEATO DOCTOR TARRÉS Y LA HUMANAE VITAE

Interesante artículo del Dr. José María Simon Castellví, miembro y ex-presidente (años 2014 a 2016) de la FIAMC, Federación Internacional de Médicos Católicos, acerca de la Humanae Vitae, el trascendental documento de Paulo VI, en su 50 aniversario.

Entiendo que vale la pena leer con detenimiento este artículo y, desde luego, la Humanae Vitae, y darlos a conocer...

Lo transcribo:

<< Como se acerca el quincuagésimo aniversario de la encíclica Humanae vitae del beato Pablo VI, me parece oportuno hacer unas reflexiones sobre la misma. Me parece ver aquel gran texto sostenido sobre tres grandes pilares.

El primer pilar trata a la vida humana como un gran don de Dios. ¿Acaso alguien se puede hacer a sí mismo (self made man?)? ¿O mantenerse a sí mismo en el ser? ¿O crear belleza y vida de la nada?

Una parte substancial y no accesoria del don de la vida es la posibilidad de procrear, de colaborar en la Creación. Las bases fisiológicas de la procreación humana son bien conocidas y una parte fundamental son los ritmos de fertilidad-no fertilidad de la mujer. Estos ritmos, que se pueden conocer perfectamente, son parte de la salud de la mujer. Están ahí para algo. Yo diría que forman parte substancial del ser humano. Alterarlos es alterar la substancia del hombre. Es ir hacia el post o transhumanismo. El humano finito e imperfecto pretende enmendar la inconmensurable Sabiduría divina.

Los ritmos ovulatorios de la mujer son parte del don divino de la vida y no se pueden cambiar. Dios se ha reservado el diseño del humano. Es cierto que colaboramos en la conservación y desarrollo de la Creación (¨¡Cuidad el jardín, henchid la Tierra!”). Muchas, muy diversas y muy interesantes cosas podemos hacer los humanos con nosotros mismos, la naturaleza o la sociedad. Nos vestimos, construimos, desarrollamos el pensamiento y la ciencia hasta límites sorprendentes como la interconectividad, los viajes espaciales o el conocimiento de nuestro lenguaje genético. Podemos potenciar los dones naturales hasta límites difíciles de imaginar. Los médicos podemos y debemos ayudar a los esposos, reparando lo enfermo si hay enfermedad o trastorno. Sin embargo, NO podemos cambiar la esencia humana. Ni la fertilidad ni los hijos son una enfermedad.

El segundo pilar se asienta sobre el gran don de la sexualidad por el que los esposos se ayudan, complementan y crecen mutuamente (“no es bueno que el hombre esté solo”). El don de los hijos añade fecundidad a la fecundidad del amor carnal sano. Y, en efecto, hay un amor carnal sano y uno torcido. Todos lo vemos en nuestro interior y en el exterior. Son residuos de la gran caída.

El tercer pilar trata de indicar al ser humano por dónde va y por dónde no va el criterio del Creador. El amor esponsal ayuda a los esposos a superar la concupiscencia o zona tenebrosa de la sexualidad del hombre caído. Esta zona de sombra se cierne incluso sobre los gobiernos, creadores de opinión (influencers) y demás organizaciones que pretenden torcer un aspecto nuclear del ser humano creado.

Creo sinceramente, al igual que el beato catalán doctor Pere Tarrés, que todos y cada uno de nosotros debemos buscar/pedir el don de la pureza, que tanto complace a Dios y tanta paz da al humano reposado. Sin este don reparador es imposible luchar contra los abusos sexuales a niños, el tráfico, especialmente de mujeres, la plaga de la pornografía o el abuso de un humano sobre otro en todos los órdenes de la vida. El beato Pablo VI lo vio bien claro y fue valiente hasta el final exponiendo la verdad divino-natural >>

lunes, 4 de diciembre de 2017

Benedicto XVI. La Inmaculada. El Pecado Original

Ante la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen que celebraremos el próximo día 8 de Diciembre nos parece oportuno recordar algunos párrafos de la Homilía pronunciada por Benedicto XVI el 8 de Diciembre de 2005, 40 Aniversario de la Clausura del Concilio Vaticano II. En concreto los párrafos referentes a la segunda de las Lecturas de la Misa prevista por la Iglesia para esa Fiesta. El Papa hace un precioso y lúcido análisis del Pecado Original, de su verdadera naturaleza y de cómo nos afecta a todos ese pecado… Sólo Santa María estuvo exenta de él: es Inmaculada.
Leámoslos pues con atención:

<< La segunda imagen es mucho más difícil y oscura. Esta metáfora, tomada del libro del Génesis, nos habla de una gran distancia histórica, que sólo con esfuerzo se puede aclarar; sólo a lo largo de la historia ha sido posible desarrollar una comprensión más profunda de lo que allí se refiere. Se predice que, durante toda la historia, continuará la lucha entre el hombre y la serpiente, es decir, entre el hombre y las fuerzas del mal y de la muerte. Pero también se anuncia que "el linaje" de la mujer un día vencerá y aplastará la cabeza de la serpiente, la muerte; se anuncia que el linaje de la mujer —y en él la mujer y la madre misma— vencerá, y así, mediante el hombre, Dios vencerá. Si junto con la Iglesia creyente y orante nos ponemos a la escucha ante este texto, entonces podemos comenzar a comprender qué es el pecado original, el pecado hereditario, y también cuál es la defensa contra este pecado hereditario, qué es la redención.

¿Cuál es el cuadro que se nos presenta en esta página? El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva, le quita algo de su vida, que Dios es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad.

El hombre vive con la sospecha de que el amor de Dios crea una dependencia y que necesita desembarazarse de esta dependencia para ser plenamente él mismo. El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. Él quiere tomar por sí mismo del árbol del conocimiento el poder de plasmar el mundo, de hacerse dios, elevándose a su nivel, y de vencer con sus fuerzas a la muerte y las tinieblas. No quiere contar con el amor que no le parece fiable; cuenta únicamente con el conocimiento, puesto que le confiere el poder. Más que el amor, busca el poder, con el que quiere dirigir de modo autónomo su vida. Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte.

[El subrayado del párrafo anterior es mío: me ha impresionado leer en ese texto la idea que subyace en una tentación que sufre un buen amigo mío: se le ocurre pensar: ”¿por qué Dios me ha creado sin mi permiso… y yo tengo que cumplir su voluntad? “, lo que en realidad es pensar: no acepto recibir la vida de Él; no tengo porqué depender de Él.
Pero veamos como continúa el Papa]

Amor no es dependencia, sino don que nos hace vivir. La libertad de un ser humano es la libertad de un ser limitado y, por tanto, es limitada ella misma. Sólo podemos poseerla como libertad compartida, en la comunión de las libertades:  la libertad sólo puede desarrollarse si vivimos, como debemos, unos con otros y unos para otros. Vivimos como debemos, si vivimos según la verdad de nuestro ser,  es decir, según la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre.

Si vivimos contra el amor y contra la verdad —contra Dios—, entonces nos destruimos recíprocamente y destruimos el mundo. Así no encontramos la vida, sino que obramos en interés de la muerte. Todo esto está relatado, con imágenes inmortales, en la historia de la caída original y de la expulsión del hombre del Paraíso terrestre.

Queridos hermanos y hermanas, si reflexionamos sinceramente sobre nosotros mismos y sobre nuestra historia, debemos decir que con este relato no sólo se describe la historia del inicio, sino también la historia de todos los tiempos, y que todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar reflejado en las imágenes del libro del Génesis. Esta gota de veneno la llamamos pecado original.

Precisamente  en  la  fiesta  de  la  Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida:  la dimensión dramática de ser autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser.

Pensamos que Mefistófeles —el tentador— tiene razón cuando dice que es la fuerza "que siempre quiere el mal y siempre obra el bien" (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario.

Pero al mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto:  el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.

Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa.

En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa.

Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros, diciendo:  "Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios no se agota jamás".

En este día de fiesta queremos dar gracias al Señor por el gran signo de su bondad que nos dio en María, su Madre y Madre de la Iglesia. Queremos implorarle que ponga a María en nuestro camino como luz que nos ayude a convertirnos también nosotros en luz y a llevar esta luz en las noches de la historia. Amén.


Pues adelante: que pensemos en este tema aprovechando la próxima fiesta… Y ¡Feliz Navidad!